MACROBIÓTICA DE OTOÑO: TIERRA DORADA

Las hojas del jardín caen
y yacen como caen
(Ryokan 1758-1831)


Los colores de la naturaleza nunca serán más cálidos y más llenos de amor que  durante este periodo otoñal;  las hojas de los árboles se vuelven de tonos rojos, amarillos, naranjas, ocres y marrones;  caen creando una alfombra con infinidad de tonalidades; algunos árboles, ya señalan al cielo con los dedos nudosos de las ramas peladas; el viento se hace ver, llevando de un lado a otro las hojas secas, al mismo tiempo que aparecen las primeras gotas de una tormenta que explosiona a última hora de la siesta, disipando la caída del sol y el débil calor del veranillo de San Miguel. Ya los días son  más cortos ¡que añoranza recordar  la luz y el calor del mes de junio,  cuando despertaba  de día  con los sueños de un verano aún  intactos!
                                      
En el ciclo cosmológico del Universo, las estrellas y los planetas apoyaron ese derroche de energía  durante la época del Fuego que llegó a su máximo esplendor; ahora ya ha comenzado su vuelta atrás y con la contracción  de las fuerzas  celestiales llega el Otoño. Es el momento de replegar la energía que, en su trasmutación, ha pasado de la expansión al recogimiento, acumulándose  en los frutos y granos de los cereales que nos sustentarán durante los meses del duro invierno, cuando el campo se haya vuelto frío e inhóspito.
                                        
Un viejo amigo italiano, cuando se refería a la Tierra, decía “la mamma siempre va a acogerme”, nunca olvidaré mejor definición llena de amor, protección y generosidad; así es nuestro planeta, rebosante de amor incondicional para sus hijos, sólido como las  rocas de las frías montañas y tan hospitalario y acogedor como la sombra de un oasis en el caluroso desierto.
                                                      
En el calendario chino –que sigue los ritmos del Universo-  el comienzo  del Otoño es el 15 de Agosto. Si  se vive con arreglo a esos ritmos, a partir de entonces no hay que abusar del frío y hay que ir ya tomando alimentos que nos ayuden  a preparar el cuerpo  para el nuevo ciclo. En ese caso tendríamos  una adaptación energética y fisiológica  equilibrada,  pero si nos regimos por el calendario gregoriano que surgió del mundo cristiano-occidental, influenciado por «los ritmos comerciales», sufriremos las inclemencias del nuevo período, con los enfriamientos y gripes, típicos de esta época, sin habernos adaptado a la nueva vibración energética, pues lo normal es continuar hasta finales de septiembre con unas costumbres  propias del  verano que nos harán pasar por la farmacia.

La Tierra, como rasgo de su carácter, se muestra como elemento conciliador que  acompaña en cada cambio de estación  a los demás elementos, moderando, dando espacio, tiempo y paz a la transición de las dos fuerzas.

                                         
Llega el otoño
Pasan las nubes
Y se ve el viento 
(Haiku  de Miura Chora 1729-80)


En la antigüedad, se pensaba que la Tierra era el centro del Universo; hoy se sabe que no es así «como referencia espacial», pero sigue siendo para nosotros ese centro mágico, que nos da el punto alrededor del cual gira nuestra existencia en otros  planos más sutiles.

El carácter psicológico y personalidad del arquetipo Tierra, se asimila al del planeta: es muy acogedor, familiar, le gusta estar rodeado de sus seres queridos y amigos; se siente el protector, pacificador, sustentador; es  sociable, compasivo, agradable, sereno, atento; quien hace de puente de unión entre unos y otros  suavizando las relaciones y se convierte en el “meeting point”, donde todos van a  descargar y desahogar sus problemas. Es comodón,  pero se puede sacrificar para el bien de los demás; vivir con amigos del elemento Tierra es como estar en casa.

En su aspecto más exagerado hay que estar con ojo, porque termina organizando la vida de los que están a su lado. Buen negociador, sabe ceder posiciones para luego más tarde hacerse con las riendas. Produce necesidad de él, cuida de la familia, construye un ambiente de confianza y bienestar a su alrededor que empleará para sacar provecho de él. Le gusta manejar las vida de los demás, dominante, lúgubre, preocupado, sobreprotector, implicado. 

Si es deficitario, muchas de sus virtudes se tornarán negativas, y podrá tener rasgos de carácter, consentido, disperso, apegado, inestable, servil, vacilante, zalamero y puede que tenga dificultades con la concentración, la identidad e independencia.

Cronológicamente, el Otoño semeja la edad madura; a esas alturas de la existencia, el sentimiento  de vida se empieza hacer algo más negativo, lo contrario que en  Primavera, que  se corresponde con la fase inicial de la vida y el Verano con la edad de la pubertad. En esta madurez otoñal, el pesimismo se apodera de la alegría de vivir. La preocupación  constante hace que se entre en caída energética, surgiendo incluso problemas fisiológicos que debilitan el Bazo  y el Estómago.  Su enemigo es dar vueltas y más vueltas a los problemas; de esa manera nos hacemos susceptibles y ponemos en peligro  nuestra seguridad y estabilidad, repercutiendo  en el aparato  digestivo y generando ansiedad por conseguir una energía que se necesita, pero que se sustituye con adicciones a los azúcares, grasas y féculas, produciendo en poco tiempo una imagen física redondeada y llena de peso, que caracteriza esta fase desequilibrada del elemento Tierra.

La cultura china, concibe al ser humano como un microcosmos del Universo dentro del macrocosmos, integrado en el Todo; alimentado por la mismas fuerzas creadoras del “Principio Unificador”, que nada deja afuera de la gran organización. Esta idea de unidad, perdura en la memoria primitiva de todo lo existente. El mundo no excluye ninguno de sus hijos en la creación. Este sentir lo trasmite el elemento Tierra con más fuerza que cualquier otro y hace de su misión «la sujeción del Sistema». El Bazo lleva el germen de esta unidad hasta los confines de nuestro universo personal. 

Es por eso que la Tierra –planeta/elemento- se convierte  en el “centro del Sistema”, desde donde maneja todos los aspectos en torno a nuestra organización de vida. 

«El transporte y transformación» son las otras dos importantes misiones que se le atribuyen al Bazo; con esta responsabilidad, se convierte en el punto central de nuestro perfecto funcionamiento: mantener la unidad, la nutrición y que llegue a todos los rincones del Organismo.

Por tan importante cometido, el fallo de sus funciones se manifiesta en la salud de forma directa.

Los conflictos de la Tierra tienen que ver casi siempre con su relación con el Agua, la violación de los límites fronterizos será su litigio. La Tierra controla el Agua que gusta de ser libre e invasora; cuando el control es férreo, los riñones (elemento Agua) se resienten por una Tierra demasiado dura, que se suele manifestar al final del Verano y en Invierno. Puede hacer que disminuya la función del riñón y no se eliminen  los suficientes  líquidos; originando humedad en las partes bajas, donde notaremos  la carne más fría, blanda y esponjosa. Puede producir hinchazón de abdomen y quistes en los ovarios por estancamiento de líquidos, problemas de caderas y edema en piernas y tobillos.

Cuando la Tierra es débil porque tiene demasiados líquidos, las raíces no pueden agarrarse en ella, las plantas están inestables, no hay firmeza para mantenerse en el sitio y el agotamiento del Bazo se manifiesta más en Otoño y Primavera.

La función del Bazo se estanca cuando no puede distribuir la sangre; también puede encontrar impedimentos para transformar los alimentos  o sujetar los órganos y músculos. 

El estancamiento de la energía del Bazo hace que la sangre del Hígado y su energía también se congestionen; entonces puede manifestarse produciendo una sangre menstrual densa, coagulada y viscosa, con aparición de fibromas en el útero. 

Estos son los dos patrones más comunes de desequilibrio de la  Tierra, aunque pueden surgir tensiones y conflictos con el resto de los otros Elementos, como consecuencia de su posición central que se comunica  con todos.

Una prevención consiste en guardar el calor interno, consumiendo platos cocinados de larga duración de cereales integrales, verduras de raíz y legumbres;  no beber demasiada agua ni alimentos fríos o crudos; reducir el consumo de todo aquello que produce humedad: alcohol, café, leche, pan,  harinas, pastas refinadas y azúcar. No en vano los chinos siempre  beben el agua caliente y continúan con los ritmos de su calendario; no comer alimentos de naturaleza demasiado fría. Preparar platos o plantas medicinales especiales, para mantener el calor vital de la hoguera que traemos desde nuestro nacimiento, y que la tenemos que cuidar, porque en ella reside el Fuego misterioso  que mantiene el Qi (energía vital)  que nos da calidad de vida.

Esta mañana es otoño
al decir estas palabras
siento cómo envejezco
(Kobayashi Issa 1763-1827)  


Miguel Priego 
Consultor de Macrobiótica en La Biotika. MCT. Diagnóstico por los 5 elementos
https://www.labiotika.es
Artículo publicado en la revista Verde Mente, en su número de septiembre de 2015

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